A finales de los años sesenta, Harry Gelb comparte adicciones y un mísero alojamiento en Estambul con un amigo que pinta. Harry quiere ser escritor, y para ello rellena cuadernos con frases interminables en un intento de emular a sus ídolos de la generación beat. Tras ser detenido y expulsado del país, regresa a una Alemania en plena efervescencia política y cultural: surgen las primeras comunas, se ocupan casas, nacen revistas, y Harry participa de todo ello, aunque solo sea para ligar y tener un techo. Mientras intenta publicar su primera novela y sobrevive a base de trabajos insulsos o precarios, únicamente encuentra sosiego frente a la máquina de escribir o en las tabernas de barrio donde se reúne «la sociedad sin clases de los bebedores de toda condición».