Elaine Vilar Madruga Claudia sabe que el futuro prometido por la Revolución cubana no llegó ni llegará, y en el exilio, escribiendo desde el sur remoto de una isla en el Delta del Tigre argentino, encontrará otros sueños de resistencia y rebelión, junto a la promesa de horizontes posibles que conseguirán dejar atrás el basurero tóxico del realismo capitalista. Benicio, en cambio, se ha quedado prácticamente solo en Cuba, pero no le interesa migrar o no se atreve. Prefiere perseguir el sueño o la locura de su arte para descubrir entre las ruinas de la central nuclear abandonada de Juraguá el fantasma del futuro soviético desvanecido.