Verano de 1851. Las Palmas de Gran Canaria. Una peste de cólera-morbo se lleva por delante en escasos meses a la quinta parte de la población de la ciudad, lo que supone un diez por ciento del total de la isla. Una situación de pandemia en la que aíslan a la capital del mundo por mar y se instala un cordón sanitario en torno a la misma. Juan el Chino, un paria que se ha vuelto indispensable para el funcionamiento de la ciudad desde su privilegiada posición de individuo sano, relata cómo la muerte arrasa la ciudad, abandonada tras el éxodo de todo el que se lo podía permitir: clases pudientes un joven Galdós, por ejemplo, cuya familia se refugia en su finca de Valsequillo y clero.