Secuestrando a Ralph nace como una simple historia de intriga en la que ocho jubilados okupas se meten a detectives improvisados para desenmascarar una red mafiosa, implicada en un turbio asunto. Eso es lo que pretende ser hasta que a medida que escribo sus páginas los personajes dejan de ser simples abuelillos graciosos para convertirse en algo más. Si bien es cierto que la peculiaridad de los protagonistas, cuyos rasgos de personalidad he exagerado hasta la parodia, convierten la historia en algo ligero, los fragmentos de sus vidas que se entremezclan durante todo el relato y que cuentan parte de su drama personal hacen que dejen de ser únicamente unos viejos ocurrentes y nos muestren su lado más tierno. Sus historias personales pueden ser conmovedoras, sin llegar al empacho meloso ya que el tono humorístico de la novela tiende a suavizar el impacto dramático. La historia es también una distopía sobre un tema de actualidad, la precaria situación de muchos jubilados que se ven obligados a subsistir con pensiones mínimas. Es un relato de amor, humor intriga y ternura, y aunque la peculiaridad de sus protagonistas y sus desafortunadas intervenciones rozan a menudo el esperpento, creo que a menudo nos invitan también a reflexiones más profundas.