Si la esencia del panóptico era que cada preso se convirtiera en vigilante, es decir, que fuera portador de la mirada vigilante, en el sinóptico pornográfico cada usuario se convierte en actor porno. En ese camino, nos disciplinamos para ser agentes de placer, del placer de consumir y de ser consumidos, y eso es lo que hace que las barreras entre productor y consumidor de porno se difuminen.
Según las distintas teorías tecno-utopistas, entre las que se contaba una parte del ciberfeminismo, internet era la promesa de una ruleta identitaria en constante movimiento en la que se mezclaban cuerpos, discursos, tecnologías y afectos siempre en proceso, cambiando y combinándose. Podíamos ser quien quisiéramos y, por una vez, superar barreras como las del género. Ser nómadas identitarios en constante construcción.