Hay un jardín claro, entre las tapias bajas, hecho de hierbas secas y de luz que cuece lenta su tierra. Es una luz que sabe a mar. Tú respiras esa hierba. Te tocas el pelo y alteras el recuerdo. He visto caer muchos frutos, maduros, en una hierba que conozco, con un ruido sordo. Así te estremeces cuando te bulle la sangre. Mueves la cabeza como si alrededor sucediese un prodigio del aire y el prodigio eres tú. Hay un sabor idéntico en tus ojos y en el cálido recuerdo.