Pinker demuestra que el conocimiento común puede dar sentido a muchos de los enigmas de la vida: las burbujas y las crisis financieras, las revoluciones que surgen de la nada, las posturas y las simulaciones de la diplomacia, la irrupción de las multitudes que denuncian por redes sociales y de la cultura de cancelación académica, la incomodidad de una primera cita. Pero las personas también hacen todo lo posible por evitar el conocimiento común, para asegurarse de que, aunque todos sepan algo, no puedan saber que todos los demás saben que ellos lo saben. Y así surgen rituales como la hipocresía benigna, los sobornos y las amenazas velados, las insinuaciones sexuales o el autoengaño de no ver lo que es evidente.
Al explorar las paradojas del comportamiento humano, Cuando todos saben que todos lo saben... nos invita a comprender las maneras en las que intentamos meternos en la cabeza de los demás, y la armonía, la hipocresía y la indignación que se derivan de ello.