¿Cual es el rol de las imagenes en la legibilidad de la historia? Esa es la pregunta que Georges Didi-Huberman vuelve a hacer en este libro. Asi como en Imagenes pese a todo intentaba dar a comprender algunas imagenes-testimonio producidas desde el mismo ojo del ciclon -el campo de Auschwitz en plena actividad de destrucción-, en estas paginas trabaja con imagenes posteriores y, por lo tanto, con la memoria visual del desastre. El primer texto se dedica a reconstituir las condiciones de visibilidad y de legibilidad -concurrentes o concomitantes- al momento de apertura de los campos nazis. Se focaliza en las imagenes filmadas por el estadounidense Samuel Fuller, en 1945, en el campo de Falkenau y en el intento, unos cuarenta años despues, de hacer con ellas un montaje dotado de sentido, una breve leccion de humanidad. El segundo texto reconstruye los diferentes procedimientos por los que el cineasta y artista aleman Harun Farocki revisita -y remonta- ciertos documentos de la violencia politica. Se descubre, entonces, aquello que comporta hoy una posible restitucion de la historia en el trabajo de las imagenes. Dos textos mas breves evocan sucesivamente la actividad fotografica del fotoperiodista español Agusti Centelles en el campo de Bram en 1939 (o como un prisionero mira a otros prisioneros) y el cuestionamiento actual del cineasta frances Christian Boltanski sobre la imagen en tanto reconocimiento, transmision y obra de dignidad.